LOS DIFERENTES TIPOS DE RESPUESTA QUE PUEDEN LLEVARNOS A LA ANSIEDAD Y LA DEPRESIÓN

La mayoría de las personas que vienen a consulta experimentan ansiedad y/o depresión o como me gusta decirles “¿Tienes tristeza, nervios o ambas cosas?”. Y es que las personas pueden estar tristes o nerviosas en diferentes grados.

Es común que te digan: “los nervios se me agarran al estomago o al pecho”, “tengo un nudo en el estómago o se me está rasgando el pecho o el alma de tristeza”. Esto es debido a que, según mi experiencia, la mayoría de las veces las etiquetas diagnósticas son contraproducentes porque asustan o inutilizan a las personas.

Desde mi experiencia clínica, las personas al verse frente a “callejones sin salida” sienten rabia, injusticia e impotencia lo que los lleva a una situación de evitación, lucha, escape o sumisión y de ahí a una tristeza muy profunda.

Vamos a ver ahora cada una de las respuestas posibles: Evitación, lucha, escape o sumisión

Cuando una persona entra en evitación, desarrolla un miedo de lo que podría pasar si se acercara al estímulo aversivo (situación que no gusta). En esta situación, desarrolla un gran miedo al miedo. Un ejemplo de esto serían las personas que no se atreven a conseguir trabajo, pareja, amigos…Son personas con muchas ganas de cambiar en su interior. Suelen tener mucha desconfianza, pero es su arma secreta para no volver a fracasar y dañar su autoestima. Las personas que adoptan el patrón de la evitación viven escondidas en la periferia de “donde ocurren las cosas” anhelando algún día disfrutar de una vida como la de los demás.

Pero como dice un chiste de psicólogos: “El miedo llamó a la puerta y cuando abrí no había nadie”. Es arduo y difícil llevar a los pacientes a una situación de afrontamiento de sus miedos imaginarios (a veces son reales y hay que variar el enfoque). Sin embargo, merece la pena preparar a la persona para el fracaso y el éxito como primos hermanos.

Cuando una persona entra en lucha, generalmente lo que hace es atacar (se enfrenta a todos y a todas) o aguantar. Cuando están agotados y devastados, suelen escuchar y suelen apartar el orgullo de sus vidas. Pueden llegar a aprender a disfrutar de las cosas normales, pero les cuesta ya que ellos querrían vencer al mundo y a si mismos, pero esto es imposible. La medicina para las personas que están en lucha es aprender a pasar y escoger las luchas y batallas que les interesan. Además, es conveniente que aprendan a perder.

Las personas que escapan son las más paradójicas de todas. Un ejemplo de esto serían personas que se sienten a gusto con otras personas, el trabajo o las amistades, pero que cuando llega el momento de entregarse o dejarse conocer de manera más profunda sienten un miedo atroz e intentan huir. Estas personas sienten pavor a intimar, a fusionarse, a que los conozcan de verdad o a ser controladas y empiezan a dudar y a temer sin poder salir de este bucle. Hay que hacer una alianza muy fuerte en la terapia pues sino tienden a huir.

Las personas que son sumisas piensan que nadie los va a querer si no son peores que los demás. Se lo llegan a creer y es su forma de operar en la vida. Se hacen los inútiles o lo disimulan para conseguir la aprobación de los demás y evitar su rechazo. He visto a pacientes hacerse los tontos o los incultos para que su pareja o sus amigos los quisieran, también los he visto relacionándose con personas inferiores a ellas. Sin embargo, esto les genera un gran sufrimiento pues no pueden ser ellos. También, incluso a veces, sus parejas les abandonan para vivir con alguien más similar a ellas.

A muchas personas con solo quejarse les dan amor y simpatía por todo lo que sufren. Ser ellos mismos les produce miedo a ser rechazados por lo que disimulan estar peor de lo que están. El riesgo es que pueden ser rechazados al mostrar una mayor capacidad que la que supuestamente tenían. Y esto puede ocurrir, pero en contrapartida si son rechazados por esto tendrán la oportunidad de relacionarse con personas más semejantes lo que supondrá que superen esta conducta de rigidez.

Al final, la lucha, el escape, la evitación o la tristeza son conductas rígidas. Si las personas no salen de estas conductas rígidas sentirán una sensación de impotencia por no poder cambiar la situación. Esta situación de impotencia los llevará a otra de injusticia que les provocará rabia y con el tiempo ansiedad y tristeza.

En terapia se aprende a superar estas conductas rígidas para llevar a la persona hacia un mayor equilibrio y flexibilidad.

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