ADOLESCENCIA DIFÍCIL

Un adolescente “difícil” es aquel que pone en jaque a todo el sistema familiar creando una situación insoportable. Estos adolescentes se niegan a estudiar, a seguir las normas y utilizan en la medida de lo posible cualquier conducta disruptiva que le permita hacer lo que le apetezca.

Los padres suelen quejarse de que no estudia, es desordenado, no dejan de ponerle amonestaciones en clase, es mentiroso, no cumple sus promesas, roba, se preocupa solo de la ropa, es materialista, racista, le dicen en el colegio que no tiene empatía, no come de forma adecuada, tiene una higiene inadecuada, es vago y está enganchado a las nuevas tecnologías.

Empecemos por lo “normal”. Y digo lo normal porque la adolescencia es un periodo de extravío emocional y psicológico y lo normal es tener un hijo irritante e irritable. Los que peor llevan esto, desde mi experiencia, son los padres que han sido adolescentes modélicos. Estos padres son los que más les cuesta ponerse en el lugar de sus hijos.

Y hablando de poneros en el lugar de vuestros hijos os pediría que hicierais un esfuerzo de memoria. Recordar si cuando erais adolescentes mentíais, robabais dinero a vuestros padres o golosinas en las tiendas, deseabais cosas caras, incumplíais vuestras promesas o erais perezosos. Si no habéis contestado que si al menos a dos de estas, erais chicos modélicos y vais a preocuparos de más por este tipo de conductas. Si habéis contestado “sí” es porque es “normal”. Damos por supuesto que cada caso es un mundo y habría que analizar la frecuencia y condiciones en las que se hacen estos comportamientos.

Otras conductas más preocupantes y que son importantes señales de alerta son cuando el adolescente consume drogas, se mete en peleas, roba (y me refiero a robos de móviles para venderlos, robos con intimidación y no robar dinero a sus padres), tiene conductas sexuales precoces o inapropiadas, ha sido detenido por peleas o robos o ha agredido a los padres con más a menos violencia. Ante estas conductas los padres amenazan con llamar a la policía, apuntarles en un internado o grabar en vídeo los ataques agresivos de sus hijos. Aunque esto podría ser terapéutico, hay que consultar con un profesional porque estas soluciones pueden aumentar el problema hasta niveles de agresividad peligrosos.

Un punto que desespera a los padres con gran intensidad es el de los profesionales de la educación. En mi experiencia, los jefes de estudio y directores que han sido modélicos de adolescentes tienden a tener una baja comprensión del mundo interior del joven y a empatizar poco con este tipo de adolescentes. Es curioso que estos profesionales indiquen la falta de empatía de estos chavales cuando ellos cometen el mismo error. Es importante advertir a los padres que hay una caza del psicópata por parte de estos profesionales. Cuando voy a reuniones para tratar el problema con tutores, directores, jefes de estudios u orientadores es usual encontrarte con uno de ellos que está seguro de que el adolescente es un psicópata en ciernes. Ésto desregula a los padres y los mete en un torbellino de culpa, pena y miedo. Es conveniente que traten con profesionales con experiencia y que les den su opinión más allá de test, opiniones y consejos bienintencionados pero exagerados.

Sin embargo, hay que señalar el hecho de que los profesionales del sector están saturados y sobrepasados en responsabilidades y funciones sufriendo en un alto porcentaje ansiedad y estrés.

A veces, te encuentras con profesionales interesados en el chaval y que están dispuestos a llevar a la práctica las indicaciones que les das. En el mejor de los casos te encuentras con un profesional que fue “un pieza” de joven y las cosas son mucho más fáciles.

En una conversación reciente, un padre me decía “.Tenías razón. Los policías de la Grume han sido muy simpáticos y cariñosos con nosotros. La verdad que me gusta hablar más con ellos que con el colegio.  Además, hubo una policía que le dijo que ella también había hecho estupideces y que hay que sentar la cabeza”. A lo que yo le respondí “En el colegio se portan como policías y en la policía como maestros” y se echó a reír.

Además, el sistema educativo actual ahoga a los padres en mensajes y avisos de todo tipo que tensionan más aún el ya maltrecho sistema de estabilidad familiar. ¿Os imagináis que en vuestro trabajo cada vez que os quedáis mirando a la pared, hacéis algo mal o tenéis una mala contestación enviaran un mensaje a casa?. En mi opinión, es un sistema que habría que reducir a comunicar las faltas de importancia y prohibir el uso de móviles en todo el recinto escolar.

Otra preocupación de los padres es  si hay hermanos. Es común que otro de los hermanos sea el referente del buen hijo. Los padres, en este caso, no se preocupan ya solo por “el problema” sino también por sus otros hijos. Lo cierto que es un sufrimiento extremo para todo el sistema.

La solución sería tratar a estos chavales con cariño y con firmeza. Los profesionales, padres y demás profesionales deben de ser amables y cariñosos a la vez que muy firmes. Si se es demasiado firme hay rebelión o sumisión. Si se es poco firme, se nos irán de las manos y cuando queramos solucionarlo será demasiado tarde. Si se es firme, pero no cariñoso, habrá  rabia y rebeldía o sumisión y depresión.

El punto ideal es que los jóvenes encuentren en casa unos padres firmes y cariñosos que le acompañen en ese tránsito de niño a adulto dejándoles claro que no es un niño/a, pero tampoco un adulto. Este tránsito debe de ser gradual y basado en dar libertad a cambio de responsabilidad y la consecución de pequeños logros que conduzcan a una autonomía adulta.

Una autonomía  adulta se basa en la total libertad sujeta a una responsabilidad como ciudadano. Hay que cumplir las leyes, las normas, pero cuestionándoselas y tener en cuenta las emociones de los demás ayudando o reparando en caso de dañar a los demás. Además, hay que ser conscientes de los riesgos de nuestras acciones para nosotros y los demás. Y esto último, no se nace sabiéndolo sino que es resultado de la experiencia y del reajuste de nuestra conducta.

¿Pero no es eso lo que hacen los adolescentes?, ¿Cuestionar las normas? Sí, pero deben acatarlas, cumplir con sus responsabilidades, y si han hecho daño a los demás ser empáticos y ser responsables para poder reparar el daño. Lo normal es que se quieran saltar las normas, sin importarles las consecuencias, no hacerse responsables de casi nada y no tener en cuenta lo que piensan o sienten los demás, exceptuando a su grupo de amigos íntimos.

O sea que si tienes dudas de si le deberías dar más libertad a tu hijo recuerda que tu hijo debe ir creciendo en respeto a las normas, cuestionándolas desde el adulto y no desde un y yo mágico,  desde la empatía social y no tribal (sus amigos), desde la responsabilidad, la reparación y un reajuste de su conducta basado en la experiencia de los errores cometidos.

Sin embargo, los padres también están sobrepasados y, a veces, ellos mismos tienen ansiedad u otras problemáticas que no suelen detectar y que son necesarias de abordar. Este abordaje, a veces, es necesario hacerlo desde un enfoque terapéutico individual y familiar.

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